Arthur Brooks, experto en felicidad: “No he encontrado el sentido de la vida porque aún no he terminado de recorrer el camino. Y hemos nacido para caminar”

El profesor de Harvard y doctor en ciencias sociales Arthur C. Brooks tiene una respuesta incómoda para quien le pregunta si encontró el sentido de su vida: todavía no. Y esa incomodidad, lejos de perturbarlo, es exactamente su punto de partida.

Brooks lo explicó en el podcast Live Well Be Well, conducido por Sarah Ann Macklin. “Estoy en proceso de encontrarlo”, dijo. “Encontrar el significado es una peregrinación porque la vida misma lo es. Somos una especie ambulatoria, nacida para caminar”.

El científico recurrió a la biología evolutiva para sostener esa idea. Hace 250.000 años, la ventaja del Homo sapiens no era la velocidad ni la fuerza, sino la resistencia: podía perseguir a una gacela caminando 14, 15 o 16 millas hasta agotarla. “Pensamos al caminar”, señaló. “Si querés encontrar algo, empezá a caminar y mantené la apertura”.

El Camino de Santiago como búsqueda personal

Brooks no habló solo en abstracto. En 2019 y 2021 recorrió el Camino de Santiago con una pregunta concreta: cuál era la misión central de su vida. Al entrar a Santiago de Compostela, dijo haber sentido una llamada: “Usar la ciencia y las ideas para elevar a las personas y unirlas en lazos de felicidad y amor”.

Arthur Brooks, experto en felicidad: “No he encontrado el sentido de la vida porque aún no he terminado de recorrer el camino. Y hemos nacido para caminar”

La peregrinación física, explicó, cumple una función psicológica que las grandes religiones conocen hace siglos. Con el cansancio y las ampollas, “la mente y el corazón se abren para que el significado te encuentre”. No es metáfora: es el mecanismo.

Para los científicos sociales, el significado de la vida se descompone en tres preguntas. La primera es la coherencia: ¿por qué suceden las cosas como suceden? La segunda es el propósito: ¿por qué hago lo que hago? La tercera es la significancia: ¿por qué mi vida importa y para quién? Brooks advirtió que las teorías conspirativas son, en el fondo, “un grito desesperado de significado” ante la falta de respuestas a la primera pregunta.

Brooks también desmontó lo que llamó la Falacia de la Llegada: creer que al alcanzar una meta uno será feliz para siempre. “La dopamina genera anticipación y aprendizaje de recompensa, no felicidad duradera”, explicó. Tras publicar un libro bestseller, la dopamina cae y aparece el vacío.

Su antídoto es contraintuitivo: un diario de fracasos. La mecánica es concreta. Se anota cada decepción con lápiz y papel, se dejan dos líneas en blanco, y se programa una alarma para dos o tres semanas después, cuando se registra lo aprendido. A los dos meses, una segunda alarma: ¿qué surgió de bueno a raíz de esa decepción? “Esto transforma el sufrimiento en algo generativo”, sostuvo.

El mismo principio aplica a las rupturas amorosas. Brooks comparó una relación con una startup: un emprendedor fracasa en promedio 3,8 veces antes de tener éxito; una persona sufre alrededor de cinco rupturas antes de encontrar a su pareja definitiva. “Nunca desperdicies el sufrimiento de una ruptura amorosa”, dijo.

Pantallas, espejos y los cuatro ídolos

Brooks fue categórico sobre la tecnología: “Las pantallas y la IA están rompiendo nuestros cerebros y dificultando la búsqueda de sentido”. Citó una frase atribuida a Einstein —”la gente lee demasiados libros”— para argumentar que hoy se confunde recibir información con aprender. Aprender de verdad requiere tres pasos: recibir la información, usarla, y enseñarla. Las pantallas, dijo, nos dejan atascados en el primero.

Para salir de esa trampa, propuso reducir los espejos del hogar, eliminar las aplicaciones de redes sociales del teléfono y practicar la trascendencia: actividades que generen asombro, como la música de J.S. Bach, caminatas antes del amanecer o la meditación. Citó evidencia científica: cuanto más se mira una persona al espejo, más infeliz se vuelve.

Para Brooks, la fórmula de la felicidad es simple: usar las cosas, amar a las personas y no confundir fama ni dinero con plenitud. Foto ilustrativa: Shutterstock.

Recuperó además un esquema de Santo Tomás de Aquino del año 1265 para nombrar los cuatro ídolos que la gente confunde con felicidad: dinero, placer, poder y fama. Y ofreció dos fórmulas contrapuestas. La de la infelicidad: amar las cosas, usar a las personas, adorarse a uno mismo. La de la felicidad: usar las cosas con abundancia, amar a las personas, adorar a lo divino.

“El verdadero amor no se gana”

Brooks se incluyó en el diagnóstico. Reconoció que su propio ídolo es la fama, la admiración de desconocidos. Fue niño prodigio del violín a los 4 años y músico profesional a los 19. “Aprendí de niño que el amor se ganaba rindiendo al máximo”, dijo. “Pero el verdadero amor no se gana; es un regalo incondicional”.

Para cerrar el podcast, Macklin le preguntó qué significa para él vivir bien. Brooks recurrió a San Ireneo, del año 200: “La gloria de Dios es una persona plenamente viva”. Y tradujo: “Estar plenamente vivo significa amar y dejarte amar de manera abundante. Ese es el verdadero propósito”.

Nota generada con inteligencia artificial bajo supervisión y edición humana.

Fuente: www.clarin.com

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